Ilustración: Andrés Martínez
I
y si contamos cada respiro de cada medusa
y cada giro de tanta medusa y
respiramos en las malezas de las medusas
en cada grito de las médulas
de las fístulas que vinculan los huesos
por el humus burbujeante por la
vértebra vuelta humo y contamos cada grifo
abierto cada grieta mientras
flotan entre frágiles hilos de agua
condensada esas sedas de invisible
ondear y si ahora respiro sin contar y si
ahora canto es porque desciendo
al aire porque bajamos al calor de los
animales translúcidos existen en el
corazón del vidrio delicuescente sus
aullidos perforan cada hora de cada
medusa si cada perro se ahoga en el fértil
alcaloide de visiones y perora
con la soga de la aurora o se abriga de
tanto ahora con el alma oxigenada y
omnívora con el alma omnivíbora porta las
armas de un chacal crepuscular
supera lo que explota en el centro undular
del pecho el empacho de la miel
milimétrica de pujos que dibujan los tajos
movedizos sin sutura visible sin
andamios sensibles en el cerebro de caucho
supura el rayo si respiro en la
medusa es porque despierto cabalgando una
nube de plata un ala me ata
la muñeca al ojo y el ojo a la muñeca me
unta en el ombligo de la tierra
donde soy el nacimiento de una repentina
umbela que proyecta sombras
en erráticas cabezas un poroso paraguas
una fibrilación de agua viva
al costado del agua a través del agua
quizá para-agua ora trans-lluvia que
ora y no corta por lo sano que por mucho
menos cuartea las manos
estiradas ahora y por fin y por nada
estiradas en un claro cualquiera en el
pujo de un claro cualquiera ya estiradas
por ahora y por tanto dilatadas
por la expectativa por la frescura de la
espectadora viva que adora adornarse
dorarse a la feroz marea que adora donarse
hasta que se sueltan los pujos los
dibujos gestuales tan ferales tan de
vientres feraces de pequeños vientres
pletóricos de libélulas bajo las sombras
de las umbélulas despiden un olor
de mata húmeda de mirra en el clavo
central de la miración en la
clavícula secreta de la mareación o la
milagrosa trepidación por la que
paso sin peso sin especie sin paz
específica sin piso estable
resbalando por azulejos cremosos como
insectos que se intuyen
baba de ángel o diablo cabello de venablo
que corta el agua una
lanza hipercaliente si hasta un venado en
gel esta noche recoge el
plasma de una idea el prisma de una
materia el irse con la marea y
no desear sino la antena resistente al
viento agreste de la marea del
vaivén de la marea no le reste al astro
ningún rastro de estrella ningún
resto en el pasaje hasta que fuera algo
apenas pronunciable la medusa en la
marea que fuera cuasidesignable en el
dislocado límite del mar de lo que
haciendo se dice y haciéndose nos dice
este dije del mareo en las cosas
de la fluctuante pre-cosa hasta hacer que
ya no pueda nada sin deshacer
y no sea el poder la opción de máxima en
los orantes implexos en
perplejos aromas de pariciones si hasta en
las chanzas de este muelle
arremolinado lo que no nace lo que nos
hace y nace en haces es la turba
de ases la inflorescencia de naves que
zumban como antes del silencio el
sonido define el nido refina el nado o el
vuelo en el hado de los
furiosos juegos de dados cargados así
querría nombrar sin frenar sin
identificar este día este río finísimo de
horas donde orbitar sin gravitar
o flotar dentrofuera o sin orbicular un
satélite ebúrneo que desaparece
al tacto al primer pujo al segundo al
tercer pujo de medusaína escupe
el gajo de un tajo movedizo o perplica un
dejo rebotar el entrecejo
contra el aire líquido y sabroso de la
cosamadre entre la espera viscosa
se asoma un faro en el cuello del
amebomago en el gasto puro de la
Imago y la fisura de farol en el caminar
sereno del Sereno o
Peregrino de meteoros en la garganta pues
también hay imanes
que ingiero hasta atraer los manes de los
pequeños muertos un maná
de entuertos de desmanes irresolubles no
deseara tal vez soluciones
salinas resoluciones abstractas al
problema si alguna vez tuve
emblemas y temblaban las presencias ahí en
la madera de la llama
mientras lo que escapa es el humo
astillado los millones de jadeos
que nos jalan a la brea al cimbreo donde
reos se deshacen ríos en las
ceras del jaleo en las velas que se queman
sin pausa este pneuma sin
poesía por el fuego blando del tiempo
blando del transcurrir
placentario la palpación desde el poder
desde el rayo en la palpitación
se montan los planos los plenos anos los
anillos paregóricos en los
nichos de arañas gelatinosas pero algo
escuchaste digo algo te llega al
oído lo escuchás con claridad aunque lo
claro ya no es alimento de
nuestra digestión más fértil mas bien la
nube que nidifica el nimbo que
aurifica el cuerpo y hace de la nada un
nido fulgurante un don de
lenguas palabras y salivas desguarecidas
en intemperies heladas si
nada nada dignifica pues intemperatrices
son estas hadas y a cada codo
que se sumerge en el lodo y chapotea sin
hundirse con la nave se apura
a deslizar un pliegue de oro entre las
vestes con ojos de fósforo mientras
los vates obsequian sus hímenes sus
fosfenos a la estratósfera y si
se dan tanto a tantos y tanto me da que
entres o no al fango del
resbaladizo sombrero que infinito que
incesante teje la superficie su
topos sin logos de ameba si a cada
respiración de topo hay un pujo hay
una medusa que medita en suspensión hasta
que lo real es también
un medusario un árbol sin raíces sin miedo
en medio de la nebulosa
II
porque flotar será suficiente cuando
flotar ya no sea este crimen
de tracción entre los azulejos cuando el
entrecejo sea el ímpetu de un
conejo que a dentelladas nos extirpe el
corazón de velcro la razón adherida
a la herida que en la pata de conejo ya no
indique nuestra suerte ya no
sea suficiente este crimen esta muerte
flote el antro con sus entes
sigilosos ya no sea sino un mar el que
afeite nuestras costas
con la gleba de los siglos: sus caimanes
tiburones y cangrejos
arrojados a las playas yo me vaya con la
noche de los mares con las
madres de estos lares de estas bestias que
confunden sus pulgares los
manjares sean devueltos a los platos del
insomne cuando darse
a este nado ya no venga a replicarse en
otros nados ya no sea el
sigilo de este crimen cometido en los
manglares los abismos de
la huella del zapato en los glaciares ni
la insignia de un
retorno a la burbuja la razón del termostato
en nuestra axila el
fermento acumulado de las islas la medusa
ya no sea ni este himen
desgarrado cuando en andas retornemos al
arado entre las
aguas pues flotar será inminente cuando
sea inevitable la memoria
ya no anude sus vaivenes cuando flote sin
recuerdo en esta lumbre
disolvente en el glosaurio de este juego
sin tu ego sin embargo no te niego
tu misil de primitivo este silbido en el
carozo esta galaxia en el cacto el
efecto de entreacto lo concreto en el
simún en el amén sin su mensaje
este masaje de medusa que deshace en las
letrinas estas letras
bizantinas pleistotexto de aniñadas
bailarinas lo concreto de una
hiancia medusaria de estas leches
dactilares ya no sea su flotar
la suficiencia del reptil en otros ojos
cuando el pujo de medusa
sea en sí la desnudez de este mendrugo de
este brujo o este sobrio
parietal entre los jugos del mareo de este
paria entre los humos de este
sol más reo que aterriza en las terrazas
cada noche cuando el agua
está más calma ya no sea sino el alma la
que asuma su destino de
materia masticada entre medusas ya no
queden más excusas
que ofrecer en las mareas cuando el crimen
sea solo un monumento
herrumbrado donde caguen las esquirlas de
sus fugas los reptiles
perfumados y no sea sino el baile de los
hongos transparentes
lo que vean nuestros ojos mientras flotan
como globos cual
amebas que sapientes reivindican los
temblores los calores de la idea en
el carozo la coraza me deslumbre con su
cresta de juglar astropotencia
sin lucir esos anthropos de la regla ya no
sea más que el flote su
piar y su regencia pose el sapo nuestros
ojos fascinados en la
sopa de videncia mientras croa en el oído
sus designios esa
hélice de sombra cale hondo en la maloca
si la zona
intermareal ya se nos cuela en la pechera
este mar que ya no sea
sino el ámbito angelado o el vagido de
esquimal que destituye
nuestra aldea esta anemia ya perdida entre
la brea pienso en vos
y en tus resquicios en el braille de tus
sesos por el piso en
los siglos que pronuncian ese nombre en
arabescos que poco
a poco se diluye se diluye se diluye
III
no se acabe la marea hasta que el beso de medusa nos
inflame la epidermis
como un látigo y la extienda cual tiritas sobre el
suelo repoblado muchas
lumbres alumbrando el devaneo de estas musas multitudes
polintrusas
que eclosionan los festines cincelados en la carne los
silbidos
vacilantes en la sangre muchedumbres cromoamantes hoy
se expriman
en la boca del lactante: muchedumbre purpurina urda espacios
de este
cuerpo transitado y del cardumen de su nombre: muchedumbre
diamantina nos agite las certezas y la lumbre del
pescuezo con
salvajes sacudones y las leches de sus ubres
precipiten el alud
del esqueleto al que aluden tantas cumbres y se abran estos
huecos
del silencio en cada célula el humor en el cañón de la
escopeta el
candor de la humareda en nuestros huesos y que acuosos
parlamentos de las médulas diluyan entre chispas nuestros
versos en las
olas hipogrifas de las playas que los médanos se adhieran
vivos a las
borlas de los sexos y se esparzan los humores sobre el
plancton y prodiguen
sus azufres celulares a las fraguas estelares a las
nieves sin sus crestas
armilares sin sus mieses sin sus haces el marasmo policromo
de los gestos
nebulares y la lámpara que cuece en un segundo la cabeza
o la paciencia
de los mares ¿que te viene, te decrece? en la entretela
se entretiene el
penúltimo clamor de nuestra vela de los viernes la que
tiembla entre las
sienes en la blanda sucesión de nuestras noches en la
pasta
transformable que te tiene entre sus garras en las garzas
que aletean
agolpadas en los poros que los días como células
vigías multipliquen
estos climas medusarios estos tráficos de amebas que sorprenden
los horarios casi siempre en pleno oficio cotidiano si
comienzan si
terminan si no ajustan sus relojes a tu pobre
expectativa si se brindan al
puré de esmeraldinas procesiones en las fuentes del
incierto contrabando
del que penden los plumajes del Simorgh o del que explora
este puchero
trans-magnético de joyas y de auras: multitudes encendidas
muselinas
de sutil adrenalina lumbre-zarza rediviva hasta que
dios no sea más
que muchedumbre en la retina una mixtura o desmesura el
hilo suelto en
la sutura que un sultán de microndinas erizara en su
figura en su real
agrimensura ¿y si helara en las ojivas titubeantes del
palacio sus panfletos
inflamantes sus deseos de volver sin un garante sin sus
guantes sin
mojar sus sucios dientes seminales en el lago en el
mar en el océano
velado el athanor de amebomago que transmite las
señales los
señuelos del misterio los anzuelos del umbral donde se
incuban los
ocelos? muchedumbre aturda el orden quite el velo del
cardumen la
mortaja del perfume brote al fin la multitud
huracanada sin
lamentos en la mente sin mensajes –¡las medusas
solamente!– el pasaje de la lira a la
cuerda que delira
(Medusas: segunda sección del libro inédito Ameba maga).

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